lunes, 29 de noviembre de 2010

(17) Recuerdos que merecen la pena

A medida que el personal nos ha ido dando cosas, resulta que tenemos más fotos del viaje (algunas repes pero otras estupendas, también) para compartir con todos y también algunos videos que grabó la O'Neill.
VIDEOS

Algunos merecen especialmente la pena:
  •  Video de un rato en el puente, cerca de Miuraguchi, en el que se muestra cómo tratamos de hacernos fuertes ante el desfallecimiento después de haber hecho una de las bajadas más complicadas de nuestra vida caminera.
FOTOS NUEVAS
  • Y, finalmente, fotos de Jaime, aquí 
  • Y más de Jaime aquí
  • Fotos de O' Neill  aquí
  • Fotos de Susana aqui
Y, finalmente, la canción SHIMA UTA, que tan mal cantó el borrachín en el Subaru, por si queréis lanzaros a practicar japonés leyendo la letra. Habla con mucha nostalgia de la isla de Okinawa....otra vez será.

El pasado 17 de diciembre apareció en La Voz de Galicia un reportaje sobre nuestro viaje en el Kumano: Por las sendas del Kumano, el "otro" Camino de Santiago.

    lunes, 1 de noviembre de 2010

    (16) Adiós Tokyo, adiós Japón

    Los dos últimos días del viaje han sido una batida por la capital japonesa con un doble objetivo: conocerla en la medida de nuestras posibilidades, lo que no es sencillo ya que ocupa 2.000 kilómetros cuadrados, y hacer algunas compras, o sea, lo que siempre hacen los turistas, especie en la que se han reconvertido los caminantes kumaneros.
    En estos dos días el grupo de catorce se dividió de distintas formas ya que, lógicamente, había preferencias  diversas.
    El domingo, prácticamente ya sin lluvia,  el grupo de los autores del blog comenzó por el parque Ueno,  en la misma zona de nuestro hotel, que tiene una ubicación excelente para moverse por Tokyo: un área céntrica y con estaciones de metro cercanas. Hay quien sabía de su existencia por la película “Las flores del cerezo”, alemana, en la que un viudo de este país viaja a Japón para ver a su hijo. Se encontraba muy desplazado hasta que en este parque conoció a una indigente de los muchos que tienen allí su morada. Sin embargo son muy discretos y apenas se les ve, de tal manera que si no lo sabes, te puede pasar desapercibido.
    Nos llamaron la atención las tapas del alcantarillado.


    Dentro del parque hay varios museos y hasta un par de templos.
    Dimos unas vueltas, vimos a algunos de estos sin techo, la entrada del zoo y un gran estanque cubierto por nenúfares de un metro de alto y más.
    Desde aquí nos fuimos andando a la zona de Akihabara para algunas compras, principalmente electrónica, pero no solo éso.
    Antes atravesamos andando uno de los barrios que conservan algo el sabor tradicional de la ciudad, Yanaka, con casas bajas y muchas tiendas y restaurantes,

    También cruzamos y un cementerio antiguo, por lo menos del siglo XIX, con unas lápidas bien diferentes de las nuestras.

    Junto al cementerio hay un templo, el Tenno-ji, en el que nos encontramos este magnífico buda sedente.


    Tras el rato de las compras, en unas tiendas y grandes comercios atestados en una jornada dominical, que aquí parece casi laborable, nos fuimos hasta el Palacio Imperial para ver los jardines.
    Llegamos a las 16,30 y estaba cerrado desde hora y media antes, por lo que no pudimos entrar.
    Sí lo hizo el otro grupo y les parecieron una maravilla. Tampoco nos quedó la opción de dejarlo para el día siguiente ya que cierra todos los lunes y viernes. Por tanto, junto con el Fuji queda para una segunda visita.
    Muy cerca de aquí se encuentra el Foro Internacional de Tokyo,


    un complejo cultural de cuatro grandes edificios que nos dejó anonadados , incluyendo varios auditorios, uno para 5.000 personas.

    De manera especial nos abrumó este gigantesco inmueble que en uno de sus laterales es un espacio abierto que concluye en una cristalera, todo ello de 60 metros de altura.

    El techo es una quilla de barco y visto desde el aire la parte superior de la imaginada embarcación.
     No entro en más detalles para que os hagáis una idea por las fotos, solo precisar que tiene pasarelas a distintas alturas que conectan la cristalera con la parte de auditorios y salas de reuniones.
    Una pasada.


    Es obra de un peruano afincado en USA, Rafael Viñoly.

    Después de cenar en un restaurante thai (landés) nos acercamos a la zona de Roppongi, un área de marcha nocturna a la que acuden jóvenes y muchos occidentales buscando jarana.
    Allí está también la famosa torre de Roppongi Hills,
    Era, creemos, la noche de Halloween y estaba lleno de jovencitos/as disfrazados en medio de una gran animación.
    Hubo quien aprovechó para hacerse la foto,


     y sólo la foto.


    El lunes, nuestra última jornada de viaje, también empezamos por las inmediaciones:

    Asakusa, un barrio con pequeños e interesantes comercios, además de la central de la fábrica de cervezas Asahi,

    Este edificio quiere representar una jarra de cerveza y la parte de arriba sería la espuma. 

    Esta es la zona de entrada al templo y al mercado.

    denominado Nakamise,

    Allí está el templo Sensoji, con una pagoda de cinco pisos, el más interesante y visitado de Tokyo.


    Era día laborable pero había mucha gente y un gran barullo que parece consustancial a la ciudad.

    Al cabo de un rato dejamos descansar a nuestras piernas y nos fuimos de paseo en barco hasta la isla de Odaiba, a la entrada de la bahía de Tokyo.

    De esta forma vimos de manera cómoda gran parte de la ribera de la ciudad, plagada de edificios en altura.

    Pasamos por debajo del Rainbow Bridge.


    En Odaiba nos acercamos andando a una noria gigante, al parecer la más grande del mundo hasta no hace mucho tiempo.


    Aquellos a los que menos afectaba la altura hicieron un viaje y la verdad es que de impresión nada: se mueve tan despacio que es imperceptible.

    Eso sí, una vez arriba el espectáculo y la visión diurna de Tokyo merecen la pena.


    Probamos unos coches enanos en los que no tienes nada que hacer, ni mover el volante.

    Esta era la cara de velocidad de Alvaro y Juanma a los vertiginosos 15 kms/hora máximos que iba el artilugio que más bien parecía de parque de atracciones.


    Pero el plato especial de la jornada de despedida estaba por venir.

    De repente se puso el sol

    Entre volver a tierra firme andando por el Rainbow Bridge (puente del arco iris) y en el monorail que pasa por encima elegimos la primera opción.

    Acertamos de pleno. El puente tiene kilómetro y medio y al comenzar el sol se puso por el oeste y la oscuridad avanzó con rapidez, tanto que al llegar al final era casi noche cerrada.

    De esta forma pudimos contemplar una visión impresionante de la bahía, con enormes rascacielos de todos los pelajes a uno de los lados, que poco a poco se iban iluminando.

    Del otro, también un sky line llamativo.

    Nos pareció un lujo este paseo y más todavía que no costara nada llevarlo a cabo. 


    Éramos casi los únicos turistas por allí.

    El puente es realmente espectacular.

    Para cerrar la etapa tokyota  elegimos un restaurante coreano sobre el que hubo diversidad de opiniones, como casi todo en esta vida. Pero como ninguno conocíamos esta cocina ahora tenemos más elementos de juicio.
    Dentro de unas horas, a tomar el primero de los tres aviones que, si no hay problemas, nos dejarán diecinueve horas después en Vigo. Os lo contaremos, junton con algunas curiosidades que quedaron en el tintero, para cerrar este blog que esperamos lo hayáis disfrutado tanto como nosotros al hacerlo.

    sábado, 30 de octubre de 2010

    (15) Tifón en Hakone

       
    Todo el viaje a Japón se organizó por libre. La única excepción fue la jornada de hoy, contratada con una empresa, la misma que el martes próximo nos llevará al aeropuerto de Narita para regresar a casa. Con esta empresa acordamos que un autobús con un guía  en español nos llevaría a visitar la quinta estación del monte Fuji, algo más que un emblema de Japón, y aprovecharíamos la jornada para conocer Hakone, un exclusivo destino turístico en la costa, un lugar de aguas termales al aire libre y alguna que otra cosa más, incluido paseo en barco por el lago de Hakone y un paseo en teleférico cerca del Fuji tal y como recogen los  folletos publicitarios como éste.
    Eso era lo previsto tras un acuerdo cerrado hace ya varios meses. Con lo que no contábamos era con de tifón que hoy se ha abatido sobre esta parte de la costa japonesa, el número 14 de la temporada y ya en fechas no habituales.
    El autobús, con el nombre de Ana en el frente y la guía, Noriko, estuvieron puntuales al estilo local: la cita era a las ocho y media hora antes ya estaban en nuestro hotel.
    Para entonces llovía fuerte y la cosa iba a peor. Por este motivo Noriko mantuvo varias conversaciones por teléfono mientras abandonábamos Tokyo.
     Poco después confirmó lo que imaginábamos: que la carretera que lleva a la estación quinta del Fuji, el punto más alto al que se puede acceder con vehículo, estaba cerrada por la nieve caída el día anterior y era imposible ir al monte como era nuestro deseo.
    Esta es una foto de otra foto con la que tuvimos que imaginarnos lo que era imposible ver.
    Un rato después la excursión sufría otra merma ya que el teleférico igualmente se había cerrado por el viento y había dudas con el paseíto en barco.
    Por suerte pudimos hacer el último recorrido marítimo del día con todo el barco para nosotros solos  ya que inmediatamente después se cerró la línea,
    y aunque en tan malas condiciones confirmamos el maravilloso paisaje de Hakone y su lago, por lo demás bastante parecido al Kumano.
    Hubo quien  estuvo a punto de volar.
    Noriko, experta en estas lides, improvisó un plan B consistente en visitar un museo cercano de pintura contemporánea japonesa con vistas al lago y al Fuji, monte del que no se intuía ni una sombra pese a sus casi 4.000 metros de altura.

     Por la tarde, también como actividad sobrevenida no prevista, visitamos una fábrica de Kirin, una de las cervezas más populares de Japón, aunque lo que allí se produce es whisky que al terminar degustamos.
    Algunos pusieron especial interés en la visita,
    Por medio comimos en un restaurante local con unas vistas excepcionales al lago un menú japonés con pescaditos del lago que fue del gusto de la mayoría. Otra vez desde el Kumano nos sentamos en el suelo a  mesas enanas descalzos sobre el tatami y por supuesto con palillos.
    El regreso, en medio de un fuerte vendaval y un aguacero enorme, resultó más problemático que la ida. El sueño venció a unos cuantos/as





     Era necesario circular despacio y un accidente provocó una larga retención en la autopista. Sorteamos estos avatares cantando el habitual repertorio de temas populares que Noriko y el chófer aseguraron apreciar. En concreto, afirmó que habían llevado a muchos españoles “pero nunca a un grupo de cantantes”, aunque dudamos que su dominio del español le permitiera intuir el doble sentido de la frasecita.
     También aprovechamos para interrogar a la guía sobre cuestiones relacionadas con la vida en Japón, del estilo de los sueldos medios del país, precio de la vivienda, sanidad, recogida de la basura o la vida política. En su buen español Noriko puso una evidente buena voluntad y nosotros le correspondimos con nuestra felicitación y la dirección del blog para que conozca con detalle nuestro viaje. La verdad es que, a pesar de los elementos atmosféricos desatados, se lo curró para hacernos pasar un día agradable.
    Ni mucho menos nos sorprendió que ella no conociera algunos de los lugares del Kumano Kodo que hemos atravesado días atrás en nuestro caminar senderista. Ya nos ha pasado con otras personas con las que hemos hablado aquí y no hay duda de que la popularidad del Kumano Kodo entre los nipones no se parece en nada a la del Camino de Santiago en España.
    Al final de la visita a Kirin nos hicimos una foto de grupo con nuestra guía, Noriko.
    Llegados de vuelta al hotel, todavía bajo el aguacero aunque con algo menos de viento, nos dimos una vuelta por los alrededores de Ueno, esperando para mañana tiempos mejores....
    Al final hemos concluído que el Fuji, monte sagrado, no se ha dejado ver porque quiere que volvamos algún día a Japón...